Ladrones de nuestro tiempo

“Un amigo es un tesoro”. Ésta es una de esas verdades irrefutables escritas en papel, en la piel, con sangre, con tinta; escritas en cada alma, con fuego y estaño; escritas en grafitis, en tatuajes y –cómo no- en Facebook, Twitter, Instagram y en los estados del Whatsapp. Pues sí, pero no. Así pues, yo, que me siento valiente, voy a atreverme a ponerle límites. Porque, queridos amigos, a ver si nos enteramos de qué es la amistad, o mejor, de qué no es la amistad.

dancing-by-the-seine-in-paris-1950Es evidente que, como el concepto de amor, el de amistad también cambia con el paso del tiempo. Ahora que Internet, la globalización, los trabajos cada vez más irregulares y las relaciones de pareja cada vez menos duraderas condicionan nuestra vida, hasta el punto de que eso es nuestra vida, el concepto de amistad –quizá más ahora que antes- se hace más fuerte frente a muchas conexiones sociales. Sabido es que “la verdadera amistad” o “el verdadero amigo” se han tenido siempre por algo privilegiado y casi inexistente, por encima de lazos familiares (que sin excepción se han adherido a la idea de consanguinidad sin prestar atención a los lazos por adopción, por extraño y ridículo que parezca); por encima del amor romántico (aunque haya a quien le parezca una ardua batalla); por encima –no es tan obvio como parece– del dinero. Y parece que por encima de la salud no ha habido amigo que diga absolutamente nada. ¡Menos mal, un ámbito “duty free”! Bueno, ese y la clausula del “Ya tengo el pijama puesto”, que te libera de cualquier quedada poco apetecible. Concesiones de la amistad.

Concesiones e ironías a parte, nos encontramos con que la amistad se antepone a –nada menos- que la familia, el amor y el dinero.  Algo que, si echamos la vista atrás, desde Cicerón hasta Kurt Cobain, pasando por Erasmo de Rotterdam, los filósofos clásicos, los cantantes pop o humanistas modernos, han mencionado alguna vez, es decir, parece que la amistad es un valor ancestral y eterno. Sin embargo, la amistad en nuestro tiempo ha creado en torno a sí misma, bien por su concepto ideal o por un mundo y un tiempo llenos de personas solitarias, un fenómeno devastador fundado en la apariencia de la amistad. Dejen que me explique. Todos los efectos beneficiosos de la amistad los conocemos, no pueden discutirse y no pienso hacerlo. Por otro lado, habría que distinguir la amistad entre mujeres, que es desde la perspectiva que hablo, aunque no exclusivamente, de la amistad entre hombres, de la que hablaré en otra ocasión –me voy a ahorrar la amistad mixta. Pero hay unas cuestiones a las que quero apuntar.

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Me centraré en los factores que mencionaba anteriormente y que, a mi entender, han perjudicado al concepto de amistad:

Internet:

La amistad no se cuenta en seguidores ni en amigos de Facebook, la amistad no es lo que muestras en tus redes sociales, la amistad no es ir de brunch para poner la foto bonita. La amistad tampoco es comentar la foto del evento del sábado noche y poner cuánto quieres a tus amigos, ni tampoco es una declaración de “amor amistoso” en el muro de alguien. La amistad tampoco es tener que estar conectado constantemente para saber cómo les va a tus amigos, pues la vida de ellos debe trascender las redes. Yo no quiero fotos que condicionen mis quedadas, no quiero momentos para la posteridad que sean tan efímeros como el segundo en el que escribo esta palabra: “AMISTAD”. No quiero obligaciones como las de tener que dar “me gusta” a publicaciones que ni he visto.

Globalización:

Utilicemos este factor como el que permite que nuestro espectro amistoso sea tan potencialmente grande como es el Mundo entero y toda su civilización: donde haya un ser humano hay un posible amigo. Sumémosle a esto las posibilidades que ofrece Internet. ¿Hay alguien que no pueda identificar una media de cinco grupos diferentes de amigos? –y creo que me quedo muy corta. Seguramente no. Afortunadamente, no. El conflicto ocurre aquí cuando tienes tantas opciones de amistad que siempre tienes que dejar de quedar con alguien. Porque tantos planes no hay cuerpo que lo aguante ni salario que lo financie. Resulta que habrá ocasiones en las que te apetezca más un plan que otro, en ocasiones preferirás quedarte en casa y en ocasiones tienes que acudir a la llamada urgente de alguien que te necesita. Pero también enfermarás o tendrás que cuidar de alguien que lo está… ¡Oh, es un padre o un novio! ¡Suenan las alarmas! Y te preguntas si ese motivo es verdaderamente importante y fuficiente para decir que no.

Trabajo irregular:

Irregular en la permanencia, en el salario, en el lugar de desempeñarlo, en la labor que se te encarga… Esto hace que tu vida no lleve un orden demasiado estricto, y que tú tiempo disponible para los demás oscile entre la eternidad y la no existencia. Además de lo que decía anteriormente: no hay salario que financie ser el número uno de TripAdvisor.

Parejas inestable:

Del consejo a la experiencia, cronológicamente:

  1. “Cuida a tus amigos, que luego rompes con fulano y te quedas sola”.
  2. “Ya no me separo de mis amigas en la vida, que cuando rompí con Fulano ya no trataba con ellas y, sin embargo, me aceptaron de nuevo como si nada”.
  3. No puedo con mi vida: novio, amigas, trabajo, las del colegio, las del segundo trabajo, mi padre, mi perro…

La amistad no debería hacer que tu vida se complique más, la amistad está para simplificarla, para hacerte fuerte en la supervivencia de la vida. No es una exigencia que ahoga ni hace que abandones otras cosas que necesitan mucho más tu atención. Una amistad no debe volver a aceptarte como si nada por haber pasado tiempo con tu pareja, ya que el miedo a quedarnos solos provoca este tipo de incongruencias: estar donde no quieres estar y echar de menos a la persona con la que quieres estar. No nos exijamos tanto, la amistad no es exigencia.

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Me ocurre que a veces tengo miedo a decir que no. No a ir a cenar japonés, o no a salir un sábado por la noche, no a pasar la tarde en casa de alguna amiga. No -¡yo, que tantas películas he visto!- a ir al cine. Me ocurre que tengo miedo de dejar de contestar un mensaje por la reprimenda que eso puede ocasionarme, que tengo miedo a que dos tics azules aparezcan en la pantalla de mi amiga. Me ocurre que he salido corriendo y sobresaltada de una reunión porque se me había olvidado devolver una llamada a una amiga. Me ocurre que me despierto llorando en mitad de la noche porque una amiga me dijo que yo no era buena amiga por decir que no.

Si tienes una vida que incluye una familia que te necesita y amas, una pareja con la que te gusta pasar el tiempo y un tiempo que te gusta gastar en estudiar; si tienes que trabajar y hacer la comida todos los días, y puedes decir que tienes amigos es que eres una mujer afortunada.  Porque tienes amigos que comparten tus aficiones y otros con los que sólo compartes antigüedad, unos amigos que te ofrecen alegrías y otros a los que ofreces compañía, unos que son tus virtudes y otros que son tus defectos, otros que te enseñan arte y otros a los que les enseñas tú, unos que te hablan del Nobel de Economía y esos a los que hablas del de Literatura. Si tienes todo eso es que eres una mujer afortunada y no eres de esas personas que están solas en este tiempo ni necesitadas de atención constante. La amistad no es exigencia, y nadie te puede hacer sentirte mal por decir alguna vez que no, por no necesitar verlos, por no ser siempre una ladrona de su tiempo.

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A todos mis amigos, esos a los que no temo.

 

 

 

 

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