Justicia poética por estar Cannes-ada

El cine es esa extraña realidad que no es realidad sino una amalgama de recuerdos puestos en orden; tanto de lo que fue como de lo que puede ser. Ya dice la neurociencia que la memoria no es una foto fija de lo sucedido, el pasado es por tanto –también en el cine-, parte de la imposibilidad de la historia. Por otra parte, el futuro ya se ha vivido, porque es desde el presente que imaginamos el futuro posible a través de experiencias pasadas. Por lo tanto, la imaginación del cineasta, del artista en definitiva, que quiera contarnos algo sobre el futuro lo hará reconstruyendo recuerdos. En cuanto a la narrativa del presente se da la mezcolanza de ambos casos, pero aquí la dificultad es mucho mayor.

tumblr_nj3p0v0oCh1rce5tlo1_500 (1)
Es lo que ocurre con las secuencias cada vez más normalizadas en las que vemos la interacción de los personajes a través de redes sociales: nos es mucho más creíble ver enamorado a Joaquin Phoenix de una máquina en Her, que ver en forma de holograma esas nubes de texto cuando un mensaje recibido en el móvil del protagonista es relevante para la historia. Lógico, los mensajes son relevantes para cualquiera de nuestras historias personales.
Tony Zhou, apasionado del cine y las series de televisión, ha creado un excelente video: “Una breve mirada en mensajes de texto e Internet en el Cine”, que, a través de varios extractos, muestra cómo se inserta el intercambio de mensajes o búsquedas en Internet en la narrativa fílmica.

Zhou concluye que no se ha dado aún con la herramienta definitiva, que aún ese rasgo de nuestro presente constituye una carencia narrativa para el celuloide. Es decir, narrar el presente en el cine entraña la dificultad añadida de hacerlo real, aunque sea una realidad fílmica.

El cine es por ello una reconstrucción de la memoria, pero por eso mismo se da la irresoluble fascinación de los grandes directores por hacer cine autobiográfico. Cineastas como François Truffaut en Los cuatrocientos golpes, Ingmar Bergman en Fanny y Alexander y Federico Fellini en Amarcord son los ejemplos más destacados y conocidos de este pseudogénero del séptimo arte. Los tres cineastas hicieron un esfuerzo mayúsculo para obtener unas obras de resultado brillante pero de intención fallida: el resultado fue una ficción basada en experiencias personales.

Es posible que la narrativa autobiográfica sea exclusiva de la literatura, ya que como sostiene Mijaíl Bajtín son necesarias “dos conciencias que no coinciden” para que exista un acontecer estético. Y lo estético en el cine es fundamental, a diferencia de la literatura, como es sabido. Bajtín lo ejemplifica con la sensación que provoca la propia mirada devuelta por el espejo: “En el acontecimiento de la contemplación propia se inmiscuye un segundo participante, otro ficticio, un autor que carece de autorización y fundamentación; yo no estoy solo cuando me veo frente al espejo, estoy poseído por un alma ajena”. Algo exclusivamente posible si el director expusiera en la pantalla su diario íntimo. Diario íntimo usado, sin embargo, infinidad de veces como herramienta narrativa con la que hasta hemos llegado a confundir la representación con las cosas representadas, como puede ocurrirnos con el cine de Jacques Rivette, pero, que yo conozca, nunca como guión.

Anuncios

4 pensamientos en “Justicia poética por estar Cannes-ada

  1. Ay, no tan fallidas. Que Truffaut y Bergman a mí me encantan. Y el Fellini de “Amarcord” también. Y añado al recuento “El espejo” de Tarkovsky, quizás la que más claramente, en mi opinión, aspira a ser una reconstrucción de la memoria. Y también a otras cosas que seguramente se me escapan. ;’)

    • Fallidas en su objetivo autobiográfico, si se me permite. Como digo en el texto son brillantes, y a mí también me encantan (hoy he visto de nuevo “Los 400 golpes”, por ejemplo), pero la recreación autobiográfica en el cine, para mí, es complicadísimo que se dé en plenitud.
      Buenísimo aporte, pero, de hecho, fíjate cómo llama Tarkovsky a su obra “El espejo”, es el reflejo de lo que fue, y cuando la ves pareces estar viendo un sueño, la narración poética, la imagen tan evanescente… Aunque eso sí, ¡es maravillosa!

      • Sisí. Captaba a qué tipo de “fallidas” te referías. Lo dije sólo por comenzar mi comentario de algún modo. Leyendo tu entrada, en la frase que mencionabas lo de reconstruir la memoria, es que “El espejo” se me vino como un flash. Las otras tres las veo diferentes (y maravillosas, has aprovechado bien el día viendo a Truffaut, jaja). A “Los 400 golpes” y “Fanny y Alexander” las veo confesionales. Confesión temprana, una, confesión tardía, la otra, por motivos obvios. Y “Amarcord” la veo como una evocación nostálgica. Pero de las cuatro, la única que me parece claro que aspira intencionadamente a reconstruir algo, un hueco, una laguna, la respuesta a un interrogante, la más parecida a un fluir “desatado” de la memoria es “El espejo”. ¡Ciertamente maravillosa, sisí!

      • Acertadísima apostilla, completamente de acuerdo. Se me pasó “El espejo”, pero gracias a ti es como si la hubiera incluido (aunque lo hayas hecho tú). Intenciones diferentes y muy bien descritas. Aunque ya digo, y me repito, todas evocan un pasado desde sus recuerdos y narrarlo a través de instrumentos técnicos como es la cámara siempre diluye –aún más– lo evocado.

        Gracias siempre por tus comentarios, ¡son tan constructivos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: