El otoño de tres artistas

El anuncio de la muerte de Hemingway la mañana del domingo 2 de julio de 1961 pudo aparecer así en la prensa de entonces. A partir de ese momento, la escena ha sido narrada muchas veces: Despierta en su casa de campo en Ketchum, Idaho, y se levanta. Se pone su bata preferida, esa que llama “la túnica del emperador”. Con cuidado, para no despertar a su esposa Mary, sale de la habitación  y va al cuarto donde guarda sus armas, las que aprendió a disparar desde niño. Elige una de sus escopetas –poseía más de veinte entre escopetas, rifles y pistolas-, baja al recibidor, toma asiento y apoya la cabeza contra los cañones. Lo que pasó después lo poetízó Francisco Hernández:

 El viejo Ernest
     asentó la frente
     contra los cañones
     de su escopeta,
     cerró los ojos,
     vio que un león se acercaba
     y disparó.

ññjñ

Los demonios de Hemingway son los mismos que acechan a Simon (Al Pacino) en The Humbling (La sombra del actor en España), un actor acabado por su edad y la falta de memoria que parece empezar a padecer, motivos por los cuales intenta suicidarse con una escopeta diciendo que “Hemingway debía tener los brazos más largos” que él, ya que Simon falla. Simon como Al Pacino o Al Pacino como Simon, ¡tanto da! Porque parece representarse a sí mismo, o, al menos, parece algo poco cuestionable si tenemos en cuenta su trayectoria reciente.

En la última película de Barry Livenson, recordado por su oscarizada Rain Man –y que desde entonces poco o nada ha sido merecedor de mención especial- junto al guionista Buck Henry (El graduado) y el propio Al Pacino se da la ecuación perfecta para esta sátira sobre el paso del tiempo en el artista: tres que conocieron el éxito, tres que hace mucho que no hacen nada notable, tres, que juntos, han creado una pieza de alegría maliciosa y realidad frágil, porque aparte de unas fantasías obvias que genera Simon, todo podría ser real y todo podría ser falso. Pero no importa, aquí lo que importa es la diversión del filme y, posiblemente, el mejor papel de Al Pacino en el otoño de su carrera. Esperad a ver las solicitudes que recibe para ser el asesino del marido de una compañera de una institución de salud mental en la que ingresa, cómo reacciona a la dosis de unos tranquilizantes para caballos o cómo la musa (Greta Gerwig, Frances Ha) que da impulso a su vida en crisis resulta ser una egocéntrica cínica y nada sentimental.

Leer más en The Best & The Brightes…

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