Dime qué cine ves y te diré cómo amas (1ª parte)

Si algún merito hay que reconocerle a los censores del cine es la de saber identificar el poder del séptimo arte para infundir o crear normas socializadoras. Uno de los aspectos más censurados por la guadaña de su moralina ha sido el erotismo y la sensualidad: guiones, carteles, escenas y diálogos han sido mutilados a lo largo de la historia del cine y son innumerables los títulos que han padecido esta mutilación bajo el Código Hays hollywoodiense (1934 – 1967), que decapitó tantísimas obras europeas o independientes proyectadas en las salas estadounidenses.

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Si partimos de la idea de que el cine –censurado o no– tiene ese poder socializador, sería plausible decir que si el erotismo y la sensualidad, así como el amor, se han representado de forma diferente en Estados Unidos y en Europa, también ha debido desarrollarse de forma diferente entre sus ciudadanos. Y algo avala esta tesis. En la revista Paris Review se publicó en 2014 un artículo titulado The Habits of Highly Erotic People y un subtítulo no menos evocador:What can the French teach Americans about sex? En el artículo hablan de un encuentro, no sé si académico pero desde luego con ponentes muy importantes, en el que se pudo hablar de vaginas, penes y orgasmos sin tabúes, cosa que muy pocas veces en nuestras vidas podremos hacer, pues no es fácil entablar una conversación al respecto sin caer en trivialidades.

El artículo recopila las diferencias entre las costumbres y actitudes sexuales que existen, según lo expuesto en el coloquio, entre franceses y estadounidenses. No las reproduciré –aunque recomiendo que lo leáis–, pero resumo así: para los franceses el amor está conectado al adulterio y al cuerpo, mientras que para los estadounidenses es cuestión del alma, sin embargo el amor ideal es un ideal francés, estos lo entienden como la entrega total y el estadounidense se reserva una parte importante para su individualidad; para el francés el matrimonio es una cosa y el sexo es otra: “un amante puede salvar al matrimonio”, pero en Estados Unidos el setenta por ciento de la población dice estar insatisfecho sexualmente dentro de su matrimonio y el ochenta por ciento asegura que volvería a casarse con la misma persona; en Francia el flirteo es un deber cívico, y los galos tienen menos conflictos morales que los yanquis en lo que respecta al sexo; una terapeuta francesa, al contrario que una estadounidense, jamás aconsejaría “mayor comunicación en la cama”, sino que fomenta la idea del le no dit (lo no dicho), es decir, el misterio como el mejor afrodisiaco. Tomemos estas diferencias como algo real y significativo.

Leer más en The Best & The Brightest…

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