Nos vamos de festival

“Señor Rossellini: he visto sus dos películas y me han encantado. Si necesita una actriz sueca que domine el inglés, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés, y que en italiano sólo sabe decir “ti amo”, estoy dispuesta a acudir para hacer una película con usted.”

Ingrid Bergman.

canes

Así se presentaba Ingrid Bergman al cineasta Roberto Rossellini, por carta y con toda una declaración de intenciones divinamente formulada.  El Festival de Cannes homenajea a la actriz dejando patente la belleza de este icono del cine en el cartel de su edición número 68 y, a su vez,  conmemorara el centenario de su nacimiento.

Bergman encarnaba en una sola mujer el pecado y la santidad; su vida, entre la serendipia y la conquista de sus propias metas, es en sí misma digna de un buen guión; y su belleza indiscutible y su talento interpretativo la elevan a la categoría de estrella cinematográfica sin que podamos dudar ni un segundo de ello. Todo eso lo supieron los hombres de su vida, tanto en la privada como en la profesional, cosas que no siempre formaron parte de parcelas separadas. Sin embargo, ella desconfiaba en ocasiones sobre sus cualidades para interpretar un papel con naturalidad. Tal fue el caso que se dio en el rodaje de Recuerda (Spellbound,1945, Hitchcock): no estaba segura de dar credibilidad al romance de su personaje y le planteó a Hitchcock diferentes soluciones; cuando finalmente le preguntó al director cuál de ellas le parecía mejor. Él, después de pensarlo y guardar silencio por un momento que le pareció eterno, contestó: “De acuerdo, si no puedes hacerlo con naturalidad… entonces finge”.

Fue en manos de Hitchcock donde se convirtió en la imagen de rubia fatal que posteriormente el director intentó replicar en el resto de sus películas, y también fue, bajo la dirección del inglés, la protagonista de uno de los besos más largos de la historia del cine –aún estando vigente una norma puesta por el censor que exigía que los besos no duraran más de tres segundos. Fue en Encadenados(Notorious, Hitchcock, 1946), junto a Cary Grant, y Hitchcock logró que durara casi tres minutos.

Sigue leyendo en The Best & Brightest…

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