Kafka hablaba de ventanas. Yo lo llamo soledad.

Llevo unos días en los que al sentarme a escribir sólo lo hago sobre mí. Es decir, que los temas que trato son estrictamente personales, y que aunque alguien más pudiera sentirse identificado con ellos, la forma de expresión es siempre tendente a la primera persona: yo. Es como escribir una especie de diario y es algo que, de momento al menos, quiero evitar. Puede que sea por la influencia de estar inmersa en una maravillosa lectura de Karl Ove Knausgård, cuya esencia es biográfica, pero también puede que sea porque hay momentos en los que necesitamos hablar con alguien. “¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?” Diría Cicerón. O quizá, lo único que necesitamos es, más que hablar, alguien que nos atienda como nos atendemos nosotros mismos. Bueno, así no, que nos atienda pero sin darnos la especial importancia que nosotros mismos nos damos. Que nos atienda con afecto para que podamos así desafectarnos.

Ya hablé en otro sitio sobre la soledad en nuestra posmodernidad, algo a lo que una gran parte de la población, si no se ha acostumbrado ya, lo hará pronto –no nos queda más remedio. Porque a la soledad te acostumbras, ¿o no? (si dudas sobre ello es porque ya habrá alguien que quieres que te acompañe). Pero es que realmente no lo estamos. La soledad se ha esfumado de nuestro tiempo, y por ello, somos ahora, también, más solitarios que nunca. ¡Menuda paradoja!

Ya lo dijo alguien: “nacemos solos y morimos solos”. Se olvidó de hablar de que también vivimos solos, y como decía, hoy más que nunca. Como ya dije aquí, cada vez somos más los que viven solos, pero no hay que ceñirse únicamente a la soledad de nuestras instancias, sino que pasamos mucho más tiempo solos aunque en la habitación de al lado haya otra persona; que por supuesto, también estará en soledad. Esta soledad es muy llevadera, pues con un clic encontramos conversación, risas, discusiones, distracción y hasta aburrimiento y hastío compartidos: ¡las redes sociales al rescate! Me sobrecogen. De verdad. Algunas cuentas me llenan de ¿tristeza/compasión? No sé exactamente de qué, pero es abrumadora la alta actividad de algunas cuentas. Me he tomado el tiempo (he aquí también el efecto de mi soledad) de comprobar cómo algunas cuentas son tan activas que podríamos decir que sólo dejan de tener actividad cuando el encargado de ellas duerme. Están absolutamente todo el día compartiendo fotos y enlaces, lanzando tweets o atendiendo comentarios en Instagram. Es algo que me desconcierta, pues no paro de preguntarme a qué se dedican, qué ocurre en sus vidas además de lo que ocurre en sus vidas online, o sencillamente pensar en lo solos que parecen estar. Por el tiempo que le dedican a esta vida (online) poco tiempo les puede quedar en la offline; es materialmente imposible.

Mark Strand en Hopper (Ed. Lumen, 2008), bello libro que recomiendo a todo el que le guste el arte y la pintura holandesa, disecciona no sólo artística y técnicamente la obra de Hopper, sino que nos regala una lectura experta y a la vez amateur de algunos cuadros de este pintor estadounidense. Uno de ellos es “Habitación en Nueva York” y que compara con otra de sus pinturas y el uso de los triángulos, como dice, “evadidos de la mirada”: 

“El hombre y la mujer de Habitación en Nueva York están al mismo tiempo juntos y separados, igual que la barca y la boya de Mar de fondo. Pero este tiene algo que decir sobre el hábito del distanciamiento: que no sólo existe entre las parejas, sino que florece de modo calmo, casi bellamente entre ellas. El hombre y la mujer están atrapados, fijos en un equilibrio triste. Nuestra mirada no se dirige a cada uno de ellos, sino precisamente a un punto entre los dos, a la puerta, que no se ha cerrado para cada uno, sino para ambos.”

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Habitación en Nueva York. E.Hopper, 1932

Cuando leí este fragmento pensé en ellos, en esa pareja que queda acompañada en soledad, en ese mundo que sólo es de ellos. Él lee el periódico y ella parece distraída con el piano. En ese momento él lee una noticia que le llama la atención, y tras darle el titular y leerle los párrafos que considera relevantes ella podría simplemente decir: “es sorprendente” o “mucho ha tardado en salir” o un simple “gracias”. Y él, satisfecho, continúa con su lectura. Ella, quizá pensando en la revelación o no, continuará intentando averiguar si el piano está afinado. Y ambos seguirán ahí, haciéndose compañía. Y a esto es a lo que me refiero. Hoy esos comentarios se hacen en las redes sociales, esa compañía se encuentra ahí, y las personas que están solas, que no tienen pareja o un familiar con quien compartir lo cotidiano, o que pasan mucho tiempo sin estar físicamente con alguien, descubren una forma nueva de no estar solo. Sin embargo, no siempre es así, en contra de lo que digo habrá quien tenga este tipo de actividad estando acompañados físicamente, a lo que no tengo claro si sumarle un aspecto más penoso que al que lo hace cuando está a solas: estos, dejan a solas a quien les acompaña. Pero de esto, de lo abstraídos que estamos con nuestra vida virtual mientras estamos en una reunión ya se ha hablado demasiado. No seré yo quien lo señale de nuevo.

Si además prestamos un poco de más atención a estos perfiles, la mayoría de sus apariciones son para hablar de sí mismos. Ya sea para contar lo que hacen, lo que leen, lo que ven o lo que les parece la nueva Ejecutiva del PSOE, es decir, exponer públicamente sus pensamientos. Bien es cierto que se hace porque efectivamente se encuentra quien le acompañe en esas apariciones, y que con frecuencia se fomenta y crea un diálogo agradable –o no tanto- donde se deja de hablar de uno mismo para que los demás participen con nuevas aportaciones. Pero esa aparición, el origen, es siempre hablar de uno mismo. Es más, mis apariciones, sin ser dueña de una “cuenta-vida” son también sobre mí misma,al igual que las de la mayoría, así que podría decir que toda nuestra actividad en una red social es en torno a uno mismo, más aún: a hablar sobre uno mismo en un lugar donde no siempre lo que digas importará a quien lo lee, y como además lo sabes, sería hablar consigo mismo pero en público. De locos o no, Ortega ya nos enseñó que el hombre no puede vivir sin justificar su vida ante sí mismo, por lo tanto, el hecho de expresarnos tan públicamente tenga mucho que ver con algún malestar del que otro día hablaré y que es digno de mencionar como “exculpación” por estos actos: La Conciencia en el siglo XXI.

Pero siguiendo con lo de hoy: ¿sabéis lo que nos salva? La fantasía de no estar solos. Eso es lo único que le da sentido a esa actividad. La fantasía de que un “I like” o un “fav” es algo que nos acompaña, aunque sin estar acompañados. Por eso aunque solitarios, lo estamos en compañía; a fuer de virtualmente.resaca-o-mar-de-fondo-1939

Mar de fondo. E.Hopper, 1939

El libro del que os hablo no sólo hace un recorrido por las obras de Hopper, sino que también nos presenta ensayos sobre la obra de Vemeer, nos habla de Shakespeare y cita a Kafka:

“Quien vive solo, y sin embargo desea de vez en cuando vincularse a algo; quien, considerando los medios del día, del tiempo, del estado de sus negocios y demás, anhela de pronto ver un brazo al cual pudiese aferrarse, no está en condiciones de vivir mucho tiempo sin una ventana a la calle. Y si le place no desear nada, y sólo se acerca a la ventana como un nombre cansado cuya mirada oscila entre el público y el cielo, y no quiere mirar hacia afuera, y ha echado la cabeza un poco hacia atrás, sin embargo, a pesar de todo esto, los caballos de abajo terminarán por arrastrarlo en su caravana de coches y su tumulto, conduciéndolo finalmente a la armonía humana. ” – (Franz Kafka, La ventana a la calle).

Quizá las redes sociales sean una nueva versión de la ventana de la que hablaba Kafka y siguiendo su argumento es fácil entender su gran éxito. A mí me fascinan las ventanas, las reales mucho más que las 2.0, pero también estas últimas me gustan. Puede que sea porque existe una posibilidad más (alternativa a las anteriores y/o complementaria) que al igual que yo, tú también busques la atención de alguien que no te puede o quiere acompañar. 

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2 pensamientos en “Kafka hablaba de ventanas. Yo lo llamo soledad.

  1. Veo que mi consejo de las frases cortas no ha caído en saco roto. Me encanta que hayas hablado de mi querido Hopper. Siempre me he imaginado a Hopper como a un sociólogo que no sabe escribir y que prefiere exponer sus reflexiones pintando (con la dificultad añadida de pintar figurativo). Te dejo uno de mis cuadros favoritos de soledad y deshumanización:

    Femme nue assise, Picasso
    http://www.tate.org.uk/art/artworks/picasso-seated-nude-n05904

    (te conseguiré un libro de Knausgård en versión original, para que lo tengas como curiosidad)

    • Siempre te hago caso, querido. Hopper es considerado un sociólogo tal y como lo describes; añádele su visión de futuro. La influencia europea y su vida americana. Totalmente actual.

      Bonito el Picasso, más desgarrador que mi texto pero muy al caso. Gracias.

      Y por lo del libro de Knausgård… ¡Me harías realmente feliz! Por cierto, si no lo has leído aprovecha para hacerlo en el original. Me encararía poder comparar algunas expresiones con alguien que domine la lengua y sé que lo harás rápido.

      Besos.

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