Cuida y no tengas tanto cuidado.

Sin motivo aparente, sólo por una canción que escuchas, o por un olor, o por la brisa de la noche de verano que entra por la ventana, sientes que estás de buen humor. Sencillamente sientes que eres feliz. Quisieras mejorar muchas cosas, desde luego, pero estás feliz.Pero de pronto caes en la cuenta de que a lo mejor es porque has pasado unos días maravillosos. Ahora que lo piensas es posible que lo que tengas es resaca de felicidad (¿se puede tener de eso?). Y también es posible que eso, esa extraña resaca, sea echar de menos algo que sabes que puede volver a ti o que puedes volver a vivir. Es un echar de menos con esperanza de que no fue único ni irrepetible; quizá hasta más adelante pueda ser mejor. Ese tipo de sentimiento es el que se tiene cuando, por ejemplo, se hacen las cosas bien, cuando te han tratado con amabilidad, cuando has aprendido de quien más y mejor sabe y cuando, en definitiva, has disfrutado. Es parecido a esa extraña felicidad melancólica que a los que han vivido en Andalucía trae el olor a azahar o a los que han desayunado y merendado en Londres más de una vez puede traerles el sabor a mantequilla y té. Todos podemos volver a esos sitios donde fuimos felices, y en ocasiones, hasta será mejor esa próxima vez.

Pero hoy tengo un día optimista: hoy ha sido un día de salitre y brisa marina, de leer novela, de piano para mis oídos y de comer fruta dulce. Y sí, también de echar de menos de la manera que os describía. Esto me ha servido para ver desde otra perspectiva algo a lo que venía dándole vueltas desde hace poco, realmente desde esos magníficos días que os contaba. Y es que creo que lo que se aprecia y lo que se echa de menos es sólo lo que se cuida. “Cuidar”. ¡Cuántos significados tiene este verbo en español! Se cuidan las plantas, la chapa y pintura de un coche, se cuida el bronceado y se cuidan las mechas del pelo. Se cuidan tantas cosas, ¿verdad? Aunque no sólo las cosas son susceptibles de ser cuidadas, también los niños, los ancianos, los enfermos, la salud y el medioambiente… ¿Salud y medioambiente? ¿Lo primero no se cuida cuando hay algo que alerta y lo segundo no lo hace ya Greenpeace? Creo que no estoy siendo sincera del todo, ni el resto de nosotros tampoco: ¿realmente se cuida todo aquello que debe cuidarse?

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Digamos, que estoy en esa edad en la que todos mis amigos se están casando, y como no soy una de ellos, por curiosidad y distancia observo notas comunes en estas circunstancias y hay algo que siempre dicen: “Lo principal está listo. Faltan los detalles; que es lo que nos trae de cabeza”. El sábado fue la boda de una de mis mejores amigas de la adolescencia (¡estaba tan radiante, tan feliz y tan guapa!) Y ella, como todo el que se casa, lo describe como el día más feliz de su vida. Porque así lo esperan y lo desean y así es como se esmeran en prepararlo, cuidar cada pequeño detalle es el mejor rompecabezas de los previos meses a esa boda. Y además, los llamas para verlos y te dicen “vale, nos vemos pero me acompañas a buscar la cinta del color de mi vestido para los detalles de las flores de las mesas”. Todo es, en ese tiempo previo, cuidar y mimar hasta límites insospechados ese día. ¿Por qué no hacemos lo mismo con todo lo demás? Cuidar las cosas, los preparativos, que todo vaya bien, que todos estén a gusto, no es garantía para que eso que se cuida sea fértil y hasta el fin de los días – y mucho menos en los tiempos que corren y menos aún si hablamos exclusivamente de matrimonios- pero de lo que sí estoy convencida es de que cada vez que alguien se casa quiere que sea así: perfecto y para toda la vida.

Ahora bien, pensemos en todo lo que se puede cuidar: el trabajo se cuida, y a los trabajadores; también se cuidan las relaciones humanas; se cuida el lenguaje y la forma de expresión; se cuidan las calles y se cuidan las playas; y también, la estética de nuestras ciudades; cuidamos la información recibida y la que damos; se cuida el presente para cuidar la historia y se cuida lo que se ama para poder seguir amándolo. Y donde digo “cuida” tendría que haber puesto “debe cuidarse”, porque no lo hacemos. Y de algún modo se me presenta la idea de los novios preparando su boda como el símil perfecto a imitar: no sé si será para siempre, tampoco sé si será bueno todos los días, pero te garantizo que mi empeño irá en ello hoy y en cada instante.

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Puede que nuestro “descuido” sea fruto del salto de lo colectivo a lo individual, del posmodernismo, del mercantilismo, o la desaparición de un Cristo redentor, no estoy segura, pero estoy escribiendo sobre lo que hacemos y sobre lo que queremos, algo que no tiene ningún sentido ni correlación lógica vistos los resultados obtenidos. Es posible que el individuo, como “yo” absoluto o, como nietzscheanamente se conoce, el “superhombre”, haya superado a su propia definición pero con precarios resultados: el individuo aislado que, como premisa de su inseparable carácter social, crea comunidad de “yos” diferenciados y reverenciados por sí mismos, una comunidad de voces que no encuentra una voz común, aunque prediquen iguales deseos. El “yo” es suficiente para todo y desprecia todo lo que no sea “yo”. Ese “yo” opaca el ánimo de trascender como sociedad.

La sensación de felicidad que describía al principio de estas letras es un ejemplo de que se puede ser feliz haciendo bien las cosas, estar feliz con uno mismo, y reconociendo el valor de los demás, estar feliz por lo recibido, reconocimiento y entendimiento mutuo, lo que idealmente es un comunidad de individuos autónomos. Esa es una forma de cuidar las relaciones humanas, pero también las relaciones con el gobierno, con nuestro estado y con nuestras instituciones. Sin embargo la desidia ha hecho aparición en nuestra escena cotidiana formando sindicatos, mientras que la huelga hace piquetes a algo de lo que, aunque no lo parezca, nos jactábamos hace años: ser español. Porque hace años ser español era algo bueno, tanto que un amigo alemán cambió su apellido el día que decidió quedarse a vivir en España: Carsten Tag (Carsten Día) pasó a llamarse Carsten Sommertag (Carsten Día de Verano) y de eso no hace tanto, no digamos si era algo bueno mucho más atrás. Ahora, nos reconocemos en países extranjeros y evitamos saludarnos para no evidenciarlo más.
Y es que no estoy segura de si es porque “Spain is different” o simplemente porque el humano es humano, pero hemos cambiado el “cuidar” por el “ten cuidado”, que es directamente lo contrario.

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