Los tejados de Ardis

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-Y todavia no has visto nada! -exclamo Ada-. Aun queda el tejado.

“Bien, pero esa va a ser la ultima escalada, por hoy”, se dijo Van, con firmeza, a si mismo.

“Debido a una mezcla de imbricaciones de estilos y de tejas (difícilmente explicable en términos no técnicos a quien no sea un amante de los tejados), así como a un azaroso continuun, por así decirlo, de restauraciones y renovaciones alternadas, los tejados de Ardis ofrecían un laberinto indescriptible de ángulos, de volúmenes, de superficies verde-estaño o gris brillante, de aristas pintorescas y de escondrijos a prueba de viento. Allí era posible abrazarse y besarse, y, en los intervalos, contemplar el Embalse, los bosquecillos, los prados, la linea de tinta china de una hilera de alerces que marcaba, a millas de distancia, el limite de la propiedad vecina, y las feas formas menudas de algunas vacas mas o menos desprovistas de patas que pastaban en una colina lejana. Uno podía también sustraerse, detrás de cualquier resalte, a las investigaciones indiscretas de un mirón, o de un señor en globo tomando fotos.”

Ada o el ardor, Vladimir Navokov

Me ahorraré las presentaciones, ya nos conocemos de sobra. Ahora me he subido al tejado de Ardis Manor, sólo para poder hablar de todo lo que desde allí se puede ver, para hablar de lo que me gustaría hablar más adelante y para hablar de todo lo que hablaban Ada y Van, los protagonistas de esta novela. Una especie de añoranza de algo que sólo conozco a través de otros que hace que haya echado de menos tener un blog. Ellos hablaban de biología, historia, literatura, filosofía, juegos, amores, pasiones, prohibiciones y secretos. ¡Sólo tenían 11 y 14 años en la octava década del siglo XIX!  Ahora corre el siglo XXI, desde esos tejados se verían cosas muy distintas; el tiempo pasa y todo cambia, pero la humanidad no ha dejado de ser humana, ni de ser animal.

Desde los tejados d e Ardis, hoy se comparten listas de reproducción en Spotify o ITunes, existe un proyector con películas de Rivette, el resto de la Nouvelle Vague, y  más cine clásico y moderno. Varias revistas y periódicos digitales, otros en tabloide y, si viajo, alguno en sábana. Libretas con anotaciones y muchos pensamientos. Algún que otro recuerdo y algún que otro deseo. En invierno un crianza y en verano un albariño, aunque nunca en soledad; ha de ser acompañada. ¡Siempre es algo bueno para la dieta!

Me subo también a este tejado para que cualquier resbalón por causa de una teja o mi mala atención sea también parte del refugio. Soy otra humana, tan animal como el resto, que necesita de un tejado a los pies y de espacios sin techo.

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