#quedasconvocado: el activismo más pasivo de toda la historia de la humanidad.

#DaciónEnPago #15M #Indigandos #NosAmordazan #DemocraciaReal #T #Gamonal #AdoptaUnDiputado #MiCoñoMisReglas y todo tipo de frase, palabra o letra reivindicativa que antecedida por una almohadilla (#) es el mejor reclamo de reclutamiento en nuestros días.
Sin duda, las redes sociales, y sobre todo Twitter, hacen que bajo estos hashtags un número altísimo de simpatizantes o contrarios a una ley, un partido político, o una subida de precios se convierta en un movimiento activista de alto reconocimiento desde la comodidad de un sofá o la inmediatez de un teléfono inteligente; cosa impensable anteriormente y que se ha dado con  el acontecimiento de Internet y la comunicación 2.0. Como muchos defienden, las redes sociales han dado voz directa al ciudadano ante sus inquietudes políticas o sociales democratizando el sentir de los mismos como nunca antes ocurrió. Ciertamente, estas voces tienen resonancia real en nuestra política, pues lo que antes llegaba a nuestros líderes en forma de huelga o encuesta obligatoria hoy llega directamente del ciudadano de a pié  (o del ciberespacio); no importa el modo, el caso es que llega. Eso sí, sin más perjuicio que el de –en no pocas ocasiones- una libertad de expresión mal entendida y una preocupante identificación entre información y comunicación. Y no digamos ya si el usuario asiduo a este activismo se esconde bajo el anonimato y es de los que despierta simpatías entre todos: ¡el nuevo líder de nuestra era ha nacido: bienvenido sea el “líder fav-star”!
En cualquier ciudad del mundo encontramos por sus calles agrupaciones de protesta callejera y raro es el día que no sale en la prensa algo relacionado con ellas. Mientras que las menos, aunque las más sonadas, son las que acaban con linchamientos policiales, contenedores quemados, unos heridos y otros tantos en comisaría, la mayoría de ellas pasean por nuestras calles y ante la mirada del que “pasaba por allí” como si fueran los mimos, artistas y saltimbanquis de rodaje urbano, que al acabar su jornada y su espectáculo se esfuman sin más. Cualquier protesta callejera, sea nómada o  haya decidido instalarse en la Plaza del Sol, no consigue el impacto social que el apoyo del colectivo twittero o facebookero prometía, y mucho menos el impacto social que pudieron provocar los movimientos del 68 o La Primavera Árabe. Existen, por supuesto, excepciones, véase la situación actual de Ucrania o lo acontecido en Egipto, pero la mayoría de las concentraciones masivas, hoy en día, y a pesar de su hiper-reclutamiento y apoyo a través de un hashtag no consiguen un importante cambio político. ¿Por qué ocurre esto?
Uno de los grandes motivos es que el ser humano necesita sentirse parte de un grupo, sentirse tribu, y como tal necesita de un leimotiv que impulse el saberse con-el-mundo (como diría la filósofa Hannah Arendt), una finalidad común, una sociedad que los mantenga unidos aunque esta unión sea sólo la queja. A pesar de eso, cualquier tribu necesita de un verdadero líder para que su proyecto prospere, pero si partimos de lo que decía antes y el nacimiento del nuevo “líder fav-star” es el líder de estos movimientos mal camino llevamos. Internet es la mejor herramienta para aglutinar información de la que dispone el hombre, pero el uso hipertrofiado de este espacio y la superficialidad con la que se “aprende y conoce” en este medio ha provocado que los nuevos grupos de –intento de- presión social carezcan de una verdadera causa común, causa que sólo puede surgir de una afiliación bien vertebrada en torno a esa petición o protesta, cuyo líder debe ser perceptible y cuyas convicciones nazcan de la profundización y conocimiento de lo que se plantea; algo que no se contempla en el uso actual y propio de Internet. Es aquí donde se confunde comunicación con información, porque probablemente seremos la generación más comunicada de la historia, pero, lastimosamente y a la inversa de nuestras posibilidades, la más desinformada: 140 caracteres nos bastan para entender Gamonal, alguien dijo “ahí lo lleváis” y el resto dijo “a retwttear se ha dicho”. 
Sólo como anécdota: hace unos días un amigo nos etiquetó a unos quince amigos más en un evento de Facebook para un concierto de Coldplay en Madrid con su correspondiente link; no pasaron ni diez minutos cuando ya había quien tenía horarios y precios para los billetes del viaje. 53 mensajes después alguien dijo: “¿habéis leído la noticia? El concierto es para 2012, #noshanconcovacadoalpasado”. 
 #quedasconvocado a que, si va a ser así, no te convoque más.
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