Shakespeare es a Disney lo que Hamlet es a Simba

Hakuna Matata es una canción harto conocida por todos nosotros. Simba, el protagonista de la película El Rey León, la canta junto a sus amigos Timón y Pumba. La historia también la conocemos: Mufasa es el Rey de la selva y Scar, su hermano, provoca una estampida que acaba con la vida del primero. Simba, heredero del reino luchará por lo que por ley le pertenece e intentará vengar a su padre.  Shakespeare escribió esta historia mucho antes: alrededor del año 1600 nos contó que el príncipe Hamlet tratará de vengarse de su tío Claudio, el cual mató a su padre para hacerse con el reinado. El resto de la historia guarda muchas más similitudes, como la aparición de fantasmas, la aparición de dos personajes amigos –que en Hamlet más que amigos son enemigos, Rosencrantz y Guildenstern- tan interesantes como los personajes principales, un romance, etc. En ambas historias, tanto en 1600 como en 1994, tanto en la narrativa del dramaturgo inglés como en el cine de la productora más emblemática de nuestra infancia se habla de una Institución jurídica como es la Corona, pero seguramente, muchos de vosotros no habríais seguido leyendo si hubiera empezado por ahí.
 Litografía de Rosencrantz y Guildenstern por Eugène Delacroix. Via: Wikipedia
Sigamos con Disney. En el Jorobado de Notre Dame, Quasimodo, perseguido por proscrito, se refugia en la catedral gritando ¡Me acojo a Sagrado! Tanto igual que intentara hacer Julio Cesar al morir a los pies de Pompeyo en la película Julius Caesar (Joseph L. Mankiewicz, 1953). El “asilo a sagrado”de la época medieval o el “asilo a estatua” de la clásica, son también formas jurídicas que pasaríamos por alto de no conocerlas, la cuestión aquí es que nosotros, estudiantes de Derecho, las conocemos
Estructuras sociales en Dogville (Lars von Trier, 2003), bioética en Gattaca (Andrew Niccol, 1997), desconocimiento de la ley en El lector (Stephen Daldry, 2008), política y poder en Los Idus de Marzo (George Clooney, 2011), compraventa de sociedades en Pretty Woman (Garry Marshall) y blanqueo de capitales en El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) son sólo algunos de los ejemplos que puedo daros en lo referente al cine. La tortura en La columna infame de Alessandro Manzoni , la falacia en la argumentación jurídica en Los viajes de Gulliver de Swift, las paradojas de la ley en El proceso de Kafka y la confrontación entre el bien y el mal en toda la saga de El señor de los anillos de Tolkien serían otros tantos en la literatura. (Y hasta si me apuráis, la libertad sexual en 50 sombras de Grey (E.L. James), aunque esto sea otro cantar).
Si seguimos buscando dónde encontrar el Derecho, lo encontraremos; por ejemplo, en el mundo de la moda. Moda y Derecho es el nicho de mercado jurídico en auge actualmente. La explosión de bloggers de moda y belleza generan hoy en día tantos casos en los juzgados como los generan las grandes firmas cuando se copian unas a otras. Competencia desleal, marcas, publicidad encubierta, todo un mundo con muchísimas lagunas jurídicas por las que los grandes despachos empiezan a competir buscando a especialistas en la materia y todo un mundo que nos es como usuarios  de lo más cotidiano. Eso sí, puede que en este caso más a nosotras que a vosotros.
Escena de la película El Rey León
El otro día escuchaba en la radio que en Barcelona han inaugurado la exposición Idolatry, una exposición donde varios artistas han reunido sus obras para tratar el tema de lo que hoy en día es idolatrado. Más allá de hablar sólo de ídolos del pop como Justin Bieber o Lady Gaga y más allá de la idolatría actual por lo superfluo (dinero, consumo, excesos), plantean una reflexión sobre la realidad intelectual y moral en la que nos encontramos, y se preguntan si hemos aprendido a vivir sin dioses o simplemente hemos creado unos nuevos. Desde su crítica, a ritmo de reggaeton debería ser nuestro himno, la biografía de Belén Esteban nuestro libro de cabecera y nuestro mayor objetivo profesional hacer bolos en discotecas. Lo peor de todo es que estoy bastante de acuerdo con ellos, y que, en general, esta “Idolatry” es la imperante. Dicho esto, y sin querer decir que el Derecho se convierta en nuestro “dios”, sí pienso que deberíamos aspirar a algo más que a todo eso, un mayor y mejor objetivo. Creo que uno muy bueno sería llegar a profesionalizar nuestra vida, y un buen punto de partida es familiarizarnos desde todos los puntos de vista posibles con lo que será nuestra profesión, cosa que no es nada complicado como podéis ver.
Repensar lo jurídico es un deber del jurista y aprender a ver con ojos de juristas es un deber que nos incumbe a todos. Las disciplinas de Derecho Y Literatura o Derecho y Cine, ampliarán nuestra mente y la de Derecho y Moda ampliará, quizá, nuestro bolsillo. Sea como sea, está en nuestras manos resetear y repensar a la inversa: si Shakespeare es a Disney lo que Hamlet es a Simba, que la vida sea al Derecho, lo que lo jurídico sea a la cultura.
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